Las tres riojas del vino español por excelencia
Los vinos de la Denominación Rioja crecen en un área de algo más de cincuenta kilómetros cuadrados en las orillas del río Ebro, sus valles y sus afluentes. A pesar de ser una zona geográficamente reducida, la variabilidad del clima, las de las características de las uvas y cepas, la orografía y la composición del suelo dan como resultado una combinación inacabable de posibilidades para los caldos riojanos. Pero sus cultivadores han acabado por domesticar al vino con sistemas de maceración, maduración tradicionales y exclusivos de estas tierras, hasta el punto de hacer de las cepas de cada bodega, de cada terreno una versión autóctona exclusiva. Vinos únicos que nacen con excelencia.
Vinos de Rioja en 3 comarcas
Vinos de Rioja hay muchos, denominación una, riojas, tres. Tres comarcas vitivinícolas con otras tantas identidades y singularidades, la Rioja Alavesa, la Alta y la Baja. Un recorrido por la comarca es un itinerario por las cualidades de las cepas, pero también por la orografía, por la geología y por los microclimas locales.
La geografía de la Rioja Alta ve extenderse sus viñedos sobre terrenos arcillosos y calcáreos sobre una topografía suave. La Rioja Alta representa la tercera parte del área del vino de la denominación . Su clima es atlántico . La variedad de uva dominante es la uva tempranillo que ofrece vinos tintos muy equilibrados, de un color rojo rubí y estables y elegantes aromas. Vinos de alta graduación indicados para la crianza.
Junto a las cepas de la Rioja Alta, pero más a barlovento, se extienden las parcelas de la Alavesa. El secreto de los vinos de la Rioja Alavesa está, tal vez, en la calidad de los suelos y en el microclima de la comarca. Terrenos sedimentarios y alcalinos que hacen que las cepas puedan absorber mejor la humedad de la tierra, pero también el efecto pantalla de la Sierra Cantabria que desvía los vientos fríos del norte y hace posible la conservación del calor en los terrenos de viña de la Rioja Alavesa. El clima de atlántico y mediterráneo de manera variable y el suelo no es, en modo alguno, llano, más bien alomado, con roca dura y profunda, pero de color rojizo por su contenido arcilloso y ferroso. Algo, que favorece la evolución del cultivo hacia las condiciones que han creado fama a los vinos de la Rioja Alavesa.
Vinos que se cosechan a 500 ó 600 metros de altura en los municipios de Baños de Ebro, Cripán, Elciego, Elvillar, Labastida, Laguardia, Lanciego, Lapuebla de Labarca, Leza, Moreda de Álava, Navaridas, Oyón, Samaniego, Villabuena de Álava y Yécora. En las tierras de la Rioja Alavesa los veranos son cortos y los inviernos templados, con escarcha, en ocasiones, pero raramente nieve.
Casi el 80% de la uva de la Rioja Alavesa es de la variedad tempranillo, que se emplea para elaborar, sobre todo, tintos. La tempranillo es ideal para crianza, da buen color al vino y le aporta una acidez moderada. Por regla general, el vino de la comarca es de color brillante, tiene algo más de alcohol, entre 11 y 13 grados, pero también presenta un aroma fino y característico afrutado, con un paladar agradable.
Y ahí está otro de los secretos del vino de la Rioja Alavesa. Los aromas se obtienen de métodos muy particulares que forman parte de la viticultura de la zona: El uso del llamado ‘lago de fermentación’, un depósito en el que se vierten los racimos completos, enteros, que se traduce en una maceración que acaba dando la oportunidad de obtener los mejores colores y aromas de los caldos.
El vino joven sigue, casi siempre, el camino de la maceración carbónica más corriente. Los racimos enteros fermentan durante una semana larga en el lago, para que luego, el mosto, pase a la cuba de fermentación donde termina como vino el año o como caldo joven con un sabor con reflejos de fruta.
En el caso de los vinos viejos, los de crianza, reserva o gran reserva, la calidad de la uva se une al tiempo de maduración. Los vinos crianza han de haber madurado durante dos años, uno de ellos en barrica; el de reserva tres años, uno de ellos en barrica de roble; y el de gran reserva, con, al menos, dos años en barrica, y, por supuesto, más tiempo en botella.
La última de las zonas del vino de la comarca vitivinícola es la Rioja Baja, que agrupa a algo menos del 30% de la superficie de viñedos de toda la denominación de origen Rioja. La uva se cosecha a menos de 300 de altura, entre Logroño y Alfaro, sobre suelos sedimentarios y arcillosos con diferente contenido de hierro y pobres en materia orgánica. Las viñas ocupan terrenos más llanos, en fincas más amplias y con una tierra de sustrato más profundo formado en buena parte por cantos rodados.
Pero los vinos de la Rioja Baja, están condicionados por el clima, que, en Calahorra, San Adrián, Ausejo, Arnedo, Autol o Quel es fundamentalmente mediterráneo, muy lejos de las humedades y precipitaciones de las otras Riojas, más expuestas a las precipitaciones regulares y a las noches con rocío, en la Baja, las lluvias no superan los 300 mm. anuales de pluviosidad y las diferencias de temperatura entre el día y la noche es no es tan acusada.
El clima de las tierras bajas, predominantemente seco y cálido, produce vinos aromáticos y francos, cortos de acidez pero con una elevada graduación alcohólica. Vinos jóvenes, dominados casi en un 90% por la variedad de uva garnacha, que no da lugar a vinos muy elaborados destinados a la crianza, como sucede en las bodegas vecinas del norte.
Los vinos de la Rioja Baja son fundamentalmente tintos y rosados, frescos, con una buena composición aromática, de robustez media, composición equilibrada y un muy aceptable bouquet. Un vino con seguidores que distinguen el valor de lo natural.
Una Rioja, tres denominaciones, tres riojas del vino, decenas de vinos para un caldo nacido para la excelencia.
Nota de prensa patrocinada por directorio de enología