Hablando del arte contemporáneo español

Somos artistas frustrados. Cuando vamos a una exposición de arte contemporáneo nos convertimos por un momento en creadores: vemos, sabemos y entendemos el arte. Somos soñadores. El arte contemporáneo lo sabe y por ello juega con nosotros, con nuestros mundos, pensamientos, ideas, conceptos, aspiraciones.
El arte contemporáneo en España comenzó a liberarse a raíz de la muerte de Franco permitiendo la entrada en el país de ideas totalmente rompedoras, vibrantes y nuevas que reflejaron el sentimiento de rechazo a la dictadura. Movimientos que estaban rompiendo barreras a mediados del siglo XX en todo el mundo, dejando la puerta abierta a la nueva experimentación que traería el siglo XXI con todo ello. Abstracción, expresionismos, cubismo, constructivismo; todo dio pie a la creación sin fronteras, a la democracia artística, a la necesidad de encontrar un arte propio, único, liberal y universal, que nos represente a todos como miembros de la humanidad. Evidentemente, hay focos en donde las visiones políticas, religiosas, sociales, sexuales, económicas, tendrán cabida, se pondrán de manifiesto.
Arte conceptual, instalaciones, performances donde el cuerpo humano es el lienzo, donde la mente humana es la creadora, donde las manos crean y destruyen, donde todos podemos opinar, observar, construir, derribar, respetar o no, todo cuanto aparece a nuestro alcance. Desde el hiperrealismo de Antonio López, la abstracción de Rafael Canogar, la escultura de Cristina Iglesias, pasando por la fotografía de Chema Madoz o García-Alix, hasta las controvertidas obras de Miquel Barceló, todo este arte forma parte de la cultura española.
Son esencias deformadas y transformadas de los grandes movimientos vanguardistas del siglo XX que configuran un mapa artístico único y libre en el arte contemporáneo español. Una muestra de nuestras visiones y opiniones de la sociedad que nos rodea. La subjetividad del arte puesta en la palma de nuestra mano. La pretensión de continuar con una saga de artistas nacidos y formados como verdaderos creadores de una nueva cualidad: la transparencia.
Y esa transparencia del arte contemporáneo español lo que nos permite soñar y creernos verdaderos artistas, aunque no seamos nosotros quienes trabajemos el material o quienes pintemos los lienzos. Pero sí somos libres de creérnoslo.

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