La mala fama de los dentistas

En el ideario popular, los profesionales que más pánico causan en la gente son los dentistas. Quizás por manipular un órgano tan sensible como la boca, por el potencial dolor que puede sentirse en ella o por la utilización de instrumentos cuya forma y aspecto suman aún más temor.

Miedo a todas las edades

Acudir a cualquier tipo de profesional relacionado con la medicina puede resultar traumático para muchas personas, pero la cantidad de individuos que le temen a los dentistas es inmensa y no distingue entre edad, sexo o incluso el tipo de personalidad. Históricamente, la profesión como se la conoce hoy en día no existía y aquellos que se encargaban del cuidado de la boca lo hacían de un modo muy primitivo, dado que no existía ni el concepto de la asepsia y mucho menos sustancias que funcionaran como anestésicos. Un diente infectado podía significar la muerte y tratarlo un dolor insoportable.

A partir de la llegada del cloroformo y de la idea de mantener un ambiente lo más desinfectado posible la situación mejoró un poco, pero los instrumentos utilizados por los dentistas aún siguen siendo algo impactante y ni hablar del famoso ruido del torno que se escucha en las clínicas, cuyo parecido con una sierra parece ser causante del terror que infringe.

La boca y sus múltiples significados

Uno de los órganos sensibles del cuerpo es sin dudas la boca. Los dentistas deben apretar y manipular una zona que el ser humano utiliza para comunicarse de múltiples formas, para comer, incluso para respirar, por lo que no quedan dudas que en estas funciones se esconde el motivo por el cual estos profesionales son tan eludidos.

Como en muchos episodios de la vida, una mala experiencia también puede convertirse en un recuerdo que acompañe en cada visita a un dentista o médico y provocar que por mucho tiempo no se tenga el coraje de visitar a uno. Por lo pronto, los dentistas seguirán siendo requeridos a pesar de todo.

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