La adicción a la cirugía plástica

Los cirujanos plásticos no dejan de multiplicarse a medida que pasan los años al igual que los pacientes que se someten a cirugías estéticas de diversa índole. La mayoría de ellos lo hace no por una cuestión de vida o muerte o problemas relacionados con la salud, sino para mejorar algo de su aspecto con el que no se sienten cómodos o les gustaría mejorar. Sin embargo, los deseos de cambio tienen un límite que muchas veces se supera en forma grave.

Síntomas de la adicción

Los pacientes que suelen presentar este problema por lo general llevan hechas muchas cirugías en todo su cuerpo, incluso desde su juventud y sin la necesidad urgente de modificar su estética. El deber de los cirujanos plásticos debe ser el de alertarles cuando la frecuencia de intervenciones supera la cantidad normal que el cuerpo puede soportar para evitar complicaciones postquirúrgicas.

Cuando los motivos por los cuales se solicita la cirugía son poco realistas o los objetivos del paciente carecen de sentido, se debe estar en alerta. Muchos de ellos pretenden modificar detalles que sólo son visibles a sus ojos y que ni siquiera el cirujano puede cambiar.

Una visión corporal distorsionada

Cada persona posee una visión de su propio cuerpo, la cual se forma a través de las imágenes y sensaciones que se perciben desde y a través de él. Los adictos a las cirugías estéticas suelen presentar síntomas que sugieren algún trastorno en la percepción de su imagen corporal, incluso acompañados por enfermedades como la bulimia, anorexia o depresión. La satisfacción después de que los cirujanos plásticos hacen su trabajo se esfuma al poco tiempo y les urge la necesidad de otro procedimiento.

En casos graves es necesario un tratamiento psiquiátrico y en todas las situaciones, el acompañamiento del entorno familiar y de amistades respaldados por un profesional médico que entienda las señales de su paciente.

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