La más pura gastronomía de Semana Santa

La Semana Santa es uno de los periodos vacacionales más esperados del año. Además de suponer un respiro siempre agradecido, es un momento muy particular por su propia naturaleza. Se trata de la celebración de unos acontecimientos muy ligados a la tradición religiosa cristiana y esto tiene reflejo en muchos aspectos, entre otros en el del disfrute de su rica gastronomía.

Es difícil destacar un único plato. La diversidad territorial es determinante en la multiplicidad de recetas que existen. Pero, sí es cierto que hay unas líneas generales que sirven de base a todos estos platos. Para empezar, existe una prohibición de consumo de carne y sus derivados durante los días que van del Domingo de Ramos al de Resurrección.

Otra característica definitoria es la oposición de la Semana Santa al periodo que la precede, el Carnaval. Frente a la exuberancia y abundancia de esos días, durante esta semana la moderación y la austeridad son las protagonistas. Una sencillez que afecta tanto a la elaboración como a los ingredientes que se utilizan.

Incluso, hay dos fechas concretas, Viernes Santo y Miércoles de Ceniza, en los que lo ideal es practicar ayuno. Esto no quiere decir que no coma nada, lo que manda la tradición es que solo se haga una comida al día y que no se tomen determinado tipo de alimentos. El plato ideal para esos dos días sería un potaje de legumbre con algo de pescado.

Si hay tres ingredientes que, según la tradición, son representativos de la Semana Santa son el pan, el huevo duro y el bacalao.

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