Las empresas no se han desprendido del modelo de siempre

selfpaperagendasCon el título que hemos elegido para nuestro post de hoy queremos hacer referencia a una cuestión que resulta patente, al menos para el 90% de las PYME’s de nuestro país: el modelo de siempre, el de toda la vida, el que implica el uso de material fungible para poder funcionar, sigue estando vigente en estos momentos. Tanto es así que las papelerías virtuales que ofrecen material de oficina online están de plena actualidad, toda vez que los negocios siguen precisando agendas, papel, bolígrafos, destructoras de folios, pizarras, grapadoras y todo aquello que entra dentro del universo del material fungible.

Pero hagamos un poco de historia, a ver si somos capaces de ver la evolución empresarial del material de oficina. En el principio de los tiempos, cuando la escritura fue inventada por los sumerios allá por el 3300 a.C. y los egipcios se sumaron a la causa con sus jeroglíficos, el papiro, la arcilla y la cera actuaron de soportes para esa escritura. Los chinos inventaron el papel, y fueron los iberos y los romanos los que trasladaron todas esas inscripciones que tanto les gustaban al metal y a la piedra, legándonos un pasado epigráfico enormemente la interesante.

La sucesión histórica del material que ha soportado la escritura tuvo en la comercialización a gran escala del papel su momento de gloria: de repente ya no hacía falta la piel o el pergamino para escribir libros de poesía, religión o literatura, ahora una sencilla hoja obtenida de la celulosa se convertía en algo barato sobre lo que pintar. El avance producido por tal descubrimiento significó mucho para el mundo empresarial, que de repente podía llevar sus cuentas de una forma mucho más viable. A ello se sumó, con la llegada de la tecnología, la puesta en marcha de máquinas que calculaban por sí solas, las cuales dieron lugar a ordenadores personales enormemente interesantes.

Y ahora, en el siglo XXI, la pantalla táctil, el disco duro y el almacenamiento en la nube se han convertido en la referencia para muchas empresas, que han sustituido el viejo archivador de cartón por el moderno fichero PDF almacenado entre terabytes de información.

Ahora bien, ¿estamos haciendo lo correcto si nos fiamos únicamente del método moderno y obviamos el antiguo? Desde luego que no, porque un borrado de esos datos podría abocarnos a un desastre contable o archivístico. Quizá por eso, quizá por ese miedo atávico a perder todo lo que una empresa desarrolla al cabo del año, la producción de los datos relacionados con las empresas sigue estando ligada al formato de siempre; y quizá por eso las papelerías, sean virtuales o no, tendrán aún un papel importantísimo que jugar en un futuro no muy lejano. Tal vez dentro de varias décadas demos el paso definitivo, pero ahora mismo todo es tan novedoso que lo clásico, al menos en el material fungible, sigue estando vigente.

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